La crisis cultural
En el punto crucial (Fritjof Capra, 1992) nos muestra una sociedad y una cultura en crisis a la cual "sólo será posible encontrar solución cambiando las estructura misma de la red, y esto exige una profunda transformación de nuestras instituciones sociales, de nuestros valores y de nuestras ideas".
El punto crucial tiene como propósito mostrar que la actual crisis cultural tiene su origen en los principios filosóficos mediante los que se construye el conocimiento científico desde los postulados de Bacón, Galileo, Descartes, Newton, entre otros.
La crítica de Capra a lo que él llama "la polifacética crisis cultural" (Capra Fritjof, 1992, p.27) se centra en la concepción mecanicista del mundo que construyen los padres del conocimiento científico, en el dualismo cartesiano (Cuerpo - alma), en la desatención ecológica y en la tradición judeo-cristiana que condicionó las relaciones autoritarias y de dominación de los hombres para con las mujeres y la tierra, "el concepto de la superioridad de la mente racional" (Ibíd. p.44), una visión racionalista, autoritaria y de dominación del hombre hacia la naturaleza y hacia la mujer que han dado como resultado el control de la humanidad por la humanidad y el exceso de autoafirmación mediante el uso de la fuerza, el poder y el control.
El conocimiento revelado, la ciencia, la tecnología, el arte y la educación se han orientado al control y, según Capra, el control y la dominación por la fuerza es el modelo que ha terminado por reinar en la sociedad.
El poder de persuasión, de engaño y manejo de la voluntad y la conciencia y, la capacidad de control económico de unos pocos sobre el resto se ha concentrado y perpetuado en manos de una clase dominante que sigue y se alimenta de ideas racistas, clasistas, sexistas que justifican la práctica del despojo, del saqueo, del desplazamiento mediante la estrategia de la guerra y, de la explotación como respuesta a la satisfacción de las necesidades básicas de supervivencia y, la marginación como mecanismo de exclusión y negación de esa multitud de consumidores y productores de riqueza, que los políticos han dado por llamar el pueblo.
Hoy, el transito del conocimiento y la información, por su estructura y forma de apropiación y manejo han provocado una crisis cultural que ha puesto en duda la presunción de verdad del conocimiento científico y la validez de aplicación de la tecnología. El conocimiento y la tecnología en si han perdido credibilidad y no se confía en su neutralidad, pues hoy, se le ve como un recurso que se usa con eficacia o para la eficacia; como lo afirma (Vargas Germán, 1999) él ha perdido su función simbólica; a lo más éste opera como mercancía?"
La llamada era del conocimiento, herencia de eso que los sociólogos y filósofos han llamado con los términos de posmodernidad, globalización, cibersociedad, y que viene impulsada por la corriente económica denominada neoliberalismo, exige condiciones distintas de los seres humanos que la habitan, donde el meollo del asunto está, según el PNUD(1), en la capacidad de educarse toda la vida. (Gómez Buendía, 1998)
Visión que contrasta: por un lado, con un nuevo orden de control donde ya el estado no es responsable de subsidiar los costos educativos, estos se han delegado a la suerte del niño, del ciudadano o de la familia y donde el estado se ha reservado el derecho de control y; por el otro, con una educación que se ofrece como mercancía y condición para insertarse con eficacia y eficiencia en la sociedad; una visión educativa que perpetúa y reproduce la concepción mecanicista de la vida, una educación que fiel a los postulados de
Descartes da supremacía al "pensamiento científico con su visión de la naturaleza como una máquina perfecta regida por leyes matemáticas exactas" (Capra Fritjof, 1992 p. 64).
La educación de hoy, se erige como la piedra de toque de una nueva sociedad basada en el "conocimiento", educación que ya no es tarea de maestros e instituciones educativas sino que la entendemos como la suma de vivencias sociales que estimulan la capacidad de aprender, y donde toda la sociedad está involucrada. En la base de las instituciones escolares desde el preescolar hasta el posdoctorado, está el papel fundamental de la familia y todas las organizaciones sociales (iglesias, partidos políticos, sindicatos, gremios, medios de comunicación, barrio, Internet, etc.). Así la educación pasa de ser un derecho amparado por la Constitución Nacional a un deber de todos: "Para crecer como persona y servir como ciudadano, cada uno de nosotros está obligado a cultivar al máximo sus potencialidades, a hacer de la propia vida un empeño permanente de aprender" (Gómez Buendía 1998, p. xxix).
El PNUD ha dicho que la prioridad para el siglo XXI es educar, "porque la educación es condición de la cultura, la libertad y la dignidad humana" (ídem, xxx). Siendo el pasaporte de cada uno de los individuos y de la colectividad para el mañana, lo que exige que la educación sea la primera preocupación de gobiernos guiados por un consenso amplio y duradero, que parte de unos acuerdos mínimos como el de brindar educación preescolar a los más pobres, que permita igualar oportunidades, sin embargo, la realidad se muestra esquiva a La Agenda del Siglo XXI del PNUD, hoy más que nunca, la educación de masas es un camino de engranaje para el trabajo, donde no tiene lugar la conciencia, el sujeto y los ideales de libertad y autonomía intelectual, social y ética.
Esta educación de la que se habla, debe permitir en el educando ciertas destrezas, saberes, actitudes y valores: "Los necesarios para seguir aprendiendo: lectura, escritura, expresión oral, cálculo, razonamiento lógico y espacial, apreciación estética, capacidad de interpretar y criticar... Los necesarios para convivir: no agredir al otro, saber interactuar, decidir en grupo, cuidar de sí mismo, cuidar el entorno... Los mínimos necesarios para un trabajo típico del siglo XXI: bilingüismo, habilidad matemática y de lectura correspondientes al menos al noveno grado, habilidad para solucionar problemas (lo cual conlleva la formulación y prueba de hipótesis), habilidad para el trabajo en equipo... Los necesarios para entender y disfrutar la ciencia y la tecnología: un pensamiento crítico, que sea capaz de poner orden en la experiencia dispersa y sea capaz de revisar una y otra vez sus propios supuestos" (ídem xxxii).
Al iniciar el siglo de las esperanzas, las ilusiones y de los cambios prometidos (XXI), la situación es por demás totalmente opuesta, hasta el punto que la sociedad más que otra cosa esta desilusionada del progreso.
La educación como dimensión de cambio de los animales y especialmente del ser humano y, la pedagogía como forma de conocimiento responsable de estudiar y caracterizar la cultura para entrever e interpretar en ella problemas y proponer soluciones de orden educativo no ha escapado a la crisis de la cultura, en ella, más que en cualquier otro ámbito del ser humano se refleja y perpetua la concepción mecanicista del mundo, el dualismo cartesiano y el autoritarismo. Lo anterior lo evidencia el autoritarismo de la burocracia de estado, la practica generalizada de la evaluación por competencias, los recortes y alteraciones a la universidad pública y la brecha tecnológica y humanística de la educación en todos sus niveles.
El discurso esperanzador de la UNESCO y del PNUD de lo que sería la educación del siglo XXI no ha posibilitado el cambio o la alteración de unas instituciones que se erigieron en la concepción mecanicista del ser humano, desde el conductismo y el estructuralismo que concibieron al niño como un ser con cerebro y comportamiento y sin conciencia, según los postulados de Watson y Skinner. La institución escolar ha asumido la metáfora de la fábrica donde se domina y moldea al ser humano desde los principios conductistas y los sistemas industriales de evaluación y organización de eso que los teóricos han dado por llamar el currículo técnico de Taylor.
jueves, 3 de septiembre de 2020
La crisis del sector educativo y cultural
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